Friday, February 19, 2010

¡Cállese, que no me deja ver! 

Las salas de cine deberían tener casilleros para dejar los celulares antes de entrar a ver una película, como algunas embajadas y edificio del Gobierno. En los cortos siempre salen recordatorios pidiéndonos que apaguemos el celular, pero siempre hay alguien que desobedece.

¿Es tan difícil hacer caso? Me encantaría que esos rebeldes también ignoraran el aviso Ahora te puedes poner tus gafas de 3D. “Pues no. Yo veré cómo carajos tuerzo los ojos”.

Al que deja el celular prendido lo llaman. Fijo. Pero no lo llaman en los créditos, ni en el paneo de un paisaje, ni en los comerciales, sino en la escena clave, dos segundos antes del beso o en el instante en el que el protagonista le susurra algo a la diva.

Precisamente por eso piden apagar los celulares, porque el sonido ajeno a la película rompe la magia que se busca transmitir. Los asistentes están tan involucrados en la trama que incursionan en ese mundo ficticio y dejan de ser espectadores para convertirse en testigos oculares. Pero cuando están más conectados, "ven y sana mi dolóooooor".

Y la gente contesta. No le importan las advertencias al inicio de la película ni los ssshh (¿chito?¿chchchch?) de los presentes. Los que no contestan se dedican a enviar mensajes de texto (ajá, gracias a Dios la luz brillante es mucho más cómoda que el susurro).

Algunos contestan suavemente y mueven el celular de un lado a otro. Se lo llevan a la boca, frente a la cara, para hablar pasito:

- Ahorita te llamo.

Y luego se lo ponen en la oreja, muy cerquita, como si hablaran con alguien que también está en cine. Al parecer la mecánica no funciona muy bien, porque siempre terminan repitiendo el mensaje, enfatizándolo por fonemas.

- A-ho-ri-ta te lla-mo

Lo más gracioso es que se lo llevan despacito de la oreja a la boca y de la boca a la oreja. Tal vez si lo mueves suficientemente lento nadie notará lo que haces. ¡Tal vez piensen que eres una silla vacía!


Mi favorita es la niña que sí contesta el celular, sin la menor vergüenza, y se inclina hacia adelante como un armadillo, para crear con su cuerpo una cápsula impenetrable que aísla el sonido e impide que llegue a los vecinos. ¡Dios mío! ¿Qué podrá estar haciendo esa esfera gigante?

No dejo de preguntarme qué puede ser tan importante. ¿Cuál es esa noticia que está esperando y le impide poner el celular en silencio?

No vamos a juzgar a nadie. Siempre hay buenas razones para contestar, a cualquier hora y en cualquier momento. Tal vez usted tiene a su padre en el hospital esperando un diagnóstico concluyente o la terminación de un procedimiento quirúrgico.

De acuerdo. En ese caso sí hay que contestar. Pero en ese caso, usted no debería estar en cine.

4 comments:

Marce said...

Totalmente de acuerdo. ¿Y qué me dices de las parejitas que van a hacer cine y no a verlo? Esas que piensan que nadie se da cuenta de la calentura que tienen y que ni siquiera tienen la delicadeza de hacerse en las últimas sillas, sino precisamente delante de la tuya.

Anita E said...

jajajajaja muy buenooo! :)

Pilar said...

La "escena" de la esfera gigante está fenomenal. Y, como siempre, la imagen del post está hermosa.

Anonymous said...

Propongo la cláusula del martillo. Esa misma que suena apetitosamente aplicable cuando alguien deja su celular tirado en el escritorio mientras se va a metros y metros de distancia, pero eso sí, con todo el volumen posible en el "ringtone" para (supuestamente, porque no se cumple) escucharlo timbrar desde donde está. Joder, esa vaina es portátil, lléveselooo!