Thursday, February 12, 2009

Debe ser una afección del hígado

Si hay algo peor que un grupo de médicos es estar en un grupo de médicos sin ser uno de ellos. No sé con certeza en qué momento pasó, pero yo, periodista, terminé rodeado de amigos graduados de la facultad de medicina.

Hablar con un grupo de médicos de manera civilizada es imposible. Todo el tiempo hablan de sus pacientes, la enfermedad de moda, sus consultorios, los tratamientos que están siguiendo, el libro (no de literatura) que están leyendo, la asociación a la que se adhirieron y la sub especialización que piensan estudiar.

No sé si lo hacen de manera conciente, pero un diálogo informal se vuelve especializado, y un "no médico" inevitablemente termina sintiéndose como un idiota.

Un día no lo soporté más y me uní a su grosería:

- Muchachos, y ahora que hablan de estas cosas, ¿qué es una epanodiplosis?

El silencio inundó el recinto y las miradas médicas se cruzaron. Empezaron los diagnósticos de afán, como si todos trabajaran en una EPS.

- Debe ser una anomalía del hígado.
- Creo que hace poco oí la palabra en una conferencia.
- No estoy muy seguro, pero llamemos al Dr. Abaunza.

El tema murió y yo celebré mi victoria de manera silenciosa y prematura, a la espera de que alguno no aguantara la curiosidad. Una hora después, uno de los médicos rompió el silencio.

- Juan, ¿qué es una epanodiplosis?

- Es un término literario. ¿Has visto cuando un verso comienza y acaba con una misma palabra? Esa es una epanodiplosis.


Desde ese día hablamos más de música y fútbol.

Tuesday, August 26, 2008

Yo me llamo Cumbia
A mi hijo, Samuel.

Mi hijo se llama Samuel (es el de la foto). Samuel es un buen nombre. Es sonoro, fuerte, sencillo y suena bien con los apellidos: Samuel Gómez Pardo.


Escoger el nombre de mi hijo no fue nada fácil. Hice un listado de los nombres que me gustaban y lo comparé con un listado que hizo la mamá de Samuel. En el primer filtro murieron todas las opciones. Martín, Sebastián, Matías y Juan fueron descartados por un sinfín de razones que hoy no vienen al caso.

Al remitirnos a los libros que plantean el paralelo nombre/significado tuvimos más de una decepción, porque los mejores significados acompañan a los nombres más feos. Si tuviera una hija me encantaría pensar que su nombre significa “espíritu audaz”, pero esa no es razón para ponerle Ubalda (sí, eso significa Ubalda).

Cuando finalmente llegamos a un acuerdo y comunicamos a todos nuestros seres queridos que el bebé se iba a llamar Samuel (gracias, Biblia), muchos se entristecieron y algunos incluso entraron en cólera.

Soltaron frases como “no pueden ponerle así, porque así se va a llamar mi primer hijo cuando me case, si algún día tengo hijos y si algún día me caso” o “Creo que ese ya se lo había pedido Popy”.

¿Ya se lo había pedido Popy? ¿y firmó exclusividad?

Estas aseveraciones (no es por nada, pero casi siempre son femeninas) me llevaron a pensar en los nombres más comunes de los niños de hoy en día. Una buen porcentaje de las niñas responde a nombres como Sofía, Mariana, Valeria y Antonia. En cuanto a los niños, algunos de los nombres predilectos son Martín, Juan Esteban (adivinen por qué) y Nicolás.

En una piñata promedio, tres de cada cinco niñas se llaman Sofía. ¡Y claro!, las madres de los tocayos se refugian en argumentos como “mi hijo tiene un nombre muy común, pero el mío fue el primer Nicolás” (ajá, antes que Maquiavelo).

El peor de todos es Juan Camilo. Me encanta mi nombre, pero se puso de moda más tarde de lo que me hubiera gustado. Las mujeres ya no me dicen “qué lindo nombre”, sino “así se llama mi hijo”.

El llamado de Me regala para un pan es a no mendigar nombres foráneos, a menos que el apellido también lo sea. Me declaro en contra de los padres de los Jean Carlo Restrepo, de los Jason (Yeison) Moreno y, sobre todo, de los que inventan un nombre (Altanio) o mezclan dos (Bryan + Jonatan = Brayatan).

Por cierto, el hijo de Popy se llama Sebastián.

Tuesday, April 22, 2008

La escasez inexistente en las pizzerías

Dedicado a todos los Jairos de la comida rápida

El proceso de escogencia para llegar a tener una pizzería favorita es largo y traumático, porque la metodología de prueba y error predomina en el asunto.

Un factor crítico radica en el tiempo del domicilio. Personalmente, me tiene sin cuidado que se demoren 60 minutos, siempre y cuando me digan que se van a tardar precisamente una hora. No hay nada más molesto que esperar 15 minutos más de lo que prometió el tipo del teléfono (pongámosle Jairo, siempre dice el nombre pero uno nunca lo recuerda), porque en ese cuarto de hora el hambre se acrecienta, al igual que el odio por la pizzería.

En mi proceso de búsqueda, hace un par de años llamé a una pizzería famosa por su cumplimiento en los domicilios. Tenía en mis manos uno de esos cupones de “pizza gigante sin límite de ingredientes por $20.000” (por decir un valor al azar).

Después de lanzar toda una retahíla de ingredientes, el valor total a cancelar resultó ser de, por lo menos, $10.000 más de lo sugerido en el cupón.

“Es que muchos de los ingredientes que pidió son importados y por eso la pizza es más cara”, explicó Jairo.

¡Perfecto! Entiendo que existen componentes foráneos que por su naturaleza exótica incrementan el valor de la comida rápida y la vuelven gourmet.

Anchoas, pepperoni, jamón serrano o aceitunas negras... totalmente comprensible. Lo sorpresivo fue que Jairo mencionó el más colombiano de todos los ingredientes: el pollo.

¿Se está acabando? ¿hay escasez de pollo en Bogotá? ¿Las miles de pollerías de esquina son fachadas para lavar dólares? Jairo, no me importa que el sabor BBQ de su pollo importado sea “muy delicioso”. ¡No me cobre extra por el pollo!

Espero que esto no se vuelva una moda, porque odiaría ir a una fonda antioqueña y encontrar que la bandeja paisa vale más de lo normal porque la arepa es puertorriqueña.

Por eso no volví a pedir pizza en ese lugar. Y por eso también recuerdo con repudio a los costeños que jugaban dominó en la universidad.

Tuesday, April 15, 2008

Joder! con el cine en España

Los españoles se jactan de ser los padres de nuestro idioma, como si cada uno de ellos hubiera puesto su granito de arena para la consecución del diccionario de la Real Academia Española.

Hace poco visité la madre patria y pude ver cómo se esfuerzan por cuidar la lengua. Claro, las mañas colombianas se hicieron evidentes al punto de no poder disimular una sonrisa al ver la palabra “tire” en cada puerta. Ellos no halan, ellos tiran. Y por supuesto, la sonrisa sufre una amenaza de carcajada ante anuncios como “tire en caso de incendio” o “tire con fuerza”.

El español se lee como se escribe. Por eso, ellos no lavan la ropa con Woolite, sino con Volite y no ven las películas en DiViDí, sino en De-Uve-De.

Su afán proteccionista ha sufrido más de un tropezón, pero los más evidentes han sido en el séptimo arte. Ellos no tienen Shrek, sino Esrec, y no ven la película de El Hombre Araña o de Spiderman, sino la de Espíderman. Además, las traducciones de los títulos de las películas, cuando no son nombres propios, sufren errores graciosísimos, como la película “Duro de Matar”, más conocida en España como “Jungla de Cristal”, o “After Hours”, de Martin Scorsese, que tradujeron como (esta es buenísima) “Jo, qué noche”.

En la saga de La Guerra de las Galaxias uno de los íconos más tradicionales es “el lado oscuro de la fuerza”, traducido en España como “el reverso tenebroso de la fuerza”, y la frase popularizada por Terminador “hasta la vista, baby”, que además es lo único que saben decir los estadounidenses en español, la asesinaron con un suculento “sayonara baby”.

Dos preguntas me surgieron después de mi visita a España. Si son como son, ¿por qué en las esquinas las señales de “pare” dicen “STOP”? y ¿por qué los huevos no se sirven con tocino sino con “bacon”?

Thursday, April 03, 2008

Lo siento, pero lo siento

Amo los espacios abiertos. Salvo contadas ocasiones (conciertos de rock), procuro que mis visitas a lugares concurridos estén demarcadas por horarios atípicos, para no adentrarme en la chichonera.

Mi repudio por la turba nació en la universidad. Los que estudiamos fuera del perímetro urbano de Bogotá y no estábamos dispuestos a pagar peaje, o simplemente éramos (somos) pobres y no teníamos (tenemos) para la gasolina, recurrimos a las flotas.

Flota: racimo humano que recorre distancias intermunicipales al son del vallenato. Se caracteriza por viciar el ambiente sabanero con una mixtura de fragancias corporales boyantes.

Después de ingresar al vehículo, un mozalbete de escasas primaveras conducía a los individuos hacia el fondo y los acomodaba como figuras de tetris con frases como “al fondo del carro está vacío”, “¿me colabora?” o “de medio ladito puede pasar”.

Este magistrado es el máximo exponente del froterismo. Se cuela por entre los guacales, los estudiantes, las maquetas y las maletas para cosechar el pasaje de los presente. El problema radica en que en esta cruzada pierde totalmente el respeto por el espacio ajeno.

Lo más frustrante es que dado el sentido arrabalero del transporte es imposible decirle: “disculpe usted, pero percibo con total claridad cómo mi cuerpo está separado de sus genitales por escasos centímetros de ropa”.

Estas vivencias me generaron un trauma que hoy me impide ir a Andrés Carne de Res, Gavana o a cualquier bar o restaurante de moda. ¡Lo juro, no es por falta de plata!.

Monday, April 09, 2007

El papel higiénico como elemento de estudio
La siguiente teoría no es de mi autoría. La idea original fue desarrollada en una conferencia a la que asistí hace un par de años, en la que el expositor (no recuerdo el nombre) hablaba de una reconocida cadena hotelera (tampoco la recuerdo) y de sus esfuerzos por retener clientes a toda costa.

En su maratónica cruzada, la cadena hotelera se preocupaba por dar a sus clientes comodidades personalizadas.

¿El señor quiere agua? Si abre la nevera de la habitación encontrará la marca que le gusta, en el tipo de botella de su preferencia y a la temperatura que su paladar designa como ideal. El sistema del hotel tenía toda la información de las preferencias de sus clientes.

Tal afición llevó a la cadena hotelera a hacer una encuesta que, a la fecha, ejecuto a cuanto amigo me encuentro en MSN: ¿El señor desea el papel higiénico hacia arriba o hacia abajo?

Visualice su humanidad en posición de relajación muscular, con el adminículo de aseo a escasos centímetros de su mano. ¿Cómo le gustaría encontrarlo? ¿Con la punta hacia arriba o hacia abajo?

Personalmente, lo tengo clarísimo: hacia abajo.

Ahora, la verdadera cuestión radica en que el hotel basó su sistema de colocación de papel higiénico según las respuestas de la encuesta. Lo que nunca sabremos es si su tasa de retención de clientes aumentó por ello.

Creo que la cotidianidad acaba con este estudio. Por ejemplo, en la casa de mis suegros siempre ponen el papel hacia abajo. Por otra parte, mi esposa no se preocupa por aplicar teorías de mercadeo de cadenas hoteleras en este mismo acto.

Salvo excepciones apocalípticas, procuro que las descargas en la casa de mis suegros sean eminentemente verbales, por más tentadora que resulte su estrategia involuntaria de retención.

Thursday, March 15, 2007

Yo sé por qué el hombre inventó el cigarrillo

¿Quién se inventó el cigarrillo? No conteste esta pregunta aduciendo a culturas antiguas o civilizaciones de antaño. No me refiero a la época, sino a la persona. ¿Quién fue el primero que dijo: "voy a enrollar una hoja de esa mata, le voy a meter candela por una punta y a chupar por la otra, sin importar lo que pase"?

Definitivamente, sería más fácil hacer el monumento a "el vicioso desconocido" que encontrar la respuesta.

Después de mucho meditar comprendí que nunca sabré el nombre de quien inventó tan delicioso pecado, pero también entendí, con claridad evangélica, la razón verdadera por la que fue concebido el cigarrillo.

La pregunta es sencilla: De todos los cigarrillos que una persona se fuma a lo largo de su vida, ¿cuál proporciona mayor placer?

Muchas situaciones se podrían catalogar como "finalistas" en este concurso de satisfacción: Delicioso después del almuerzo, exquisito con una cerveza, espectacular en una mañana fría y perfecto con un café.

Aún así, la realidad es transparente y clara como el agua: el cigarrillo que más placer produce es el que se fuma después del sexo. ¡Y el que me contradiga nunca ha fumado o es virgen!

Además, la particular situación realza su carácter de objeto dañino, porque después de realizar una actividad física que requiere un esfuerzo cardiovascular considerable, lo más natural es optar por el reposo, y no llenarse los pulmones de humo.