Tuesday, May 04, 2010

Oda al atiborramiento culinario

A la loca psicópata

A alguien se le ocurrió que rellenar un alimento con otro era una buena idea. En algún punto de la historia la mezcla de sabores no fue suficiente y se optó por diseccionar un ingrediente para empotrar otro en sus entresijos.

¿Por qué comer tomate con atún cuando podemos comer tomates rellenos de atún?

Siempre pensé que esta iniciativa obedecía a fines puramente estéticos, porque la mezcla de algunos ingredientes da como resultado una papilla deliciosa al paladar y asquerosa a los ojos. “Esa rica masa de atún, arvejas y mayonesa se ve asquerosa. Mejor le ponemos un tomate a manera de capuchón distractor”.

¡En fin! No sabremos a quién se le ocurrió rellenarnos con comida rellena, pero agradecemos en silencio que la idea evolucionara hasta ámbitos tan cotidianos como la papa y la arepa. Amo las arepas rellenas. A las afueras de algunas estaciones de Transmilenio las venden con mantequilla, queso, pollo y salmonela.

Ese movimiento culinario de abarrotamiento de ingredientes nos llevó a la máxima expresión de la comida de momentito: las empanadas, “bocadillos” rellenos que no necesitan aclaración de contenido, porque, precisamente, siempre tienen relleno.

- Una empanada, por favor.
- ¿La quiere rellena?
- No, sólo la cáscara. Gracias.

Y llegamos a la madre de las rellenas. Rellena por antonomasia, a secas, sin apellido. Embutido de sangre de cerdo, arroz y arvejas, con una película exterior de intestino porcino. De sabor delicioso y preparación traumática. Si quieren que alguien deje de comer y tenga pesadillas por varios días, invítenlo a una sesión de preparación de morcilla.

Pero este homenaje a la comida rellena no podría estar completo sin la oveja negra en un amplio rebaño de placeres engordadores. Saliendo del horno, calientita, exudando aceite por uno de sus costados, impregnando la panadería con una pestilencia a porqueriza y con una que otra pelusa de cerdo escondida en sus entrañas, viene la mogolla chicharrona.

Loco. Loco psicópata el panadero que abrió una mogolla y la rellenó con trocitos de chicharrón.

5 comments:

Lyda said...

Muy cierto!!! y muchas de esas cosas rellenas son realmente asquerosas a la vista... como nos podemos comer todo eso?? jajaja

Marce said...

Me dio como hambre y ganas de comer cosas muy grasosas jaajjaja

Pilar said...

iiuu...

Gustavo said...

Si, se le olvido la lechona, la reina de las comidas rellenas, y no hay nada mas desagradable visualmente que una lechona, pero bueno en carulla la tienen a la entrada, como dandole la bienvenida a todos los que llegan, jeje.

Luz María Uribe Escobar said...

Uy Juan. yo vi preparar una morcilla cuando tenía 14 años, y volví a comer cerdo hace como dos años apenas... ¡NI HAGAS CUENTAS DE CUÁNTO TIEMPO TRANSCURRIÓ!