Wednesday, November 03, 2010

Teoría de la regla olvidada

A los que fueron al paseo

¡Qué delicia un paseo de finca con los amigos! Pocos planes son tan simples y tan satisfactorios. Echarse en una hamaca, beber cantidades industriales de licor en las inmediaciones de la piscina y pasar horas en un kiosco cantando y jugando cartas.

Soy fanático de los paseos sencillos, en los que no hay un cronograma de actividades preestablecido. No me gustan los viajes con caminata ecológica, turismo religioso o visita a familiares lejanos.

Yo prefiero emborracharme al lado de la piscina y hacer más na’. Tristemente, no todos comparten mi ideología vegetativa y son partidarios de la vida nocturna fuera de los linderos de la finca. Me refiero a esos personajes que se bañan a las nueve de la noche, se ponen su pinta cartagenera, se paran frente al grupo de borrachos con una mano en la cintura y sentencian la noche con una frase llena de alegría y picardía:

- Qué dicen, muchachos. ¿Vamos al pueblo?

Yo los miro con odio.

- ¿A qué vamos a ir al pueblo? ¿A rumebar? -. Siempre he pensado que ir a Girardot a rumbear es como viajar a Bogotá para visitar al Aquaparque. - No, gracias. Esta borrachera me ha costado mucho. No la voy a asesinar bailando.

Lo que voy a relatar sí pasó. Hace un año, aproximadamente, tuve el privilegio de asistir a un paseo ideal. Sin visitas al pueblo, sin compra de artesanías, sin caminatas. A las tres de la mañana del segundo día, cuando muchos nos recuperábamos de nuestra quinta o sexta borrachera, encontré un adminículo digno de un museo.

- Miren. ¿Se acuerdan? -, le dije a un grupo de borrachos mientras sacudía en mi mano un juego de RUTA.

Sin más preámbulos nos acomodamos en el suelo, nos sentamos formando un círculo y cruzamos las piernas.

- ¿Ustedes saben cómo se juega eso? -, dijo Álvaro, el borracho anfitrión, pasando por nuestro lado.

- ¡Claro, papá! Yo jugaba con mi hermana hace como diez años -, contesté, mientras barajaba y repartía las cartas.

No mentía. Con mi hermana menor pasamos horas jugando RUTA. Recuerdo los semáforos en rojo, las llantas pinchadas, las bombas de gasolina. Terminé de repartir las cartas y arrancamos. Las reglas, como siempre, se explicaron sobre la marcha.

Pasaron cinco, diez, veinte minutos y no terminábamos el primer juego. Por alguna extraña razón había cartas que no recordaba, pero ya les había hecho perder a mis amigos casi media hora. El show debía continuar.

- ¿Esta para qué sirve?
- Para que se quede sin gasolina el de la derecha.
- ¿Y esta?
- Para pinchar dos llantas al tiempo.

- ¿Y esta otra?
- ¡Uf¡ Esa es la mejor de todas. Con esa no le pueden poner nada malo.

La situación se estaba volviendo insostenible. Las cartas se estaban acabando y yo todavía no entendía el juego. Decidí sacarle provecho al asunto y divertirme tanto como fuera posible, a costillas de la inocencia del grupo.

- ¿Seguro que tengo que esperar a que me salga otro semáforo en verde?
- Segurísimo, o puede pedírselo a alguien más. Vea, la flaca tiene dos. Flaca, pásele uno.
- ¿Pero ahora qué hacemos? Se acabaron las cartas.
- Pues nos destapamos. Muestre a ver ustedes qué tienen.

Todos comenzaron a poner las cartas sobre el suelo, a moverlas, a intercambiarlas.

- Esta para la flaca, esta para Andrés, esta para Pipe. Listo, acabamos -, dije triunfal.
- ¿Y quién ganó? -, preguntó Felipe.
- Nadie -, contesté con risa nerviosa.
- ¿Cómo que nadie, si llevamos media hora jugando esta mierda?

Segundos antes de soltar la carcajada apareció mi verdugo, acusándome frente a la turba iracunda.

- ¿Ustedes qué están haciendo tirados en el piso, con ese reguero de cartas por todos lados? -, preguntó Álvaro, el borracho anfitrión, volviendo de la cocina con una caja de aguardiente.
- ¡Pues, qué va a ser! ¡Jugando RUTA! -, contestaron todos.

Álvaro le echó una mirada al juego tratando de comprender el desorden, me miró a los ojos y doblegó mi seriedad.

- No. Así no se juega eso.

Felipe se paró histérico. Yo solté una carcajada que me duró varias horas. Después de que me regañaron también se rieron.

A Felipe también se le pasó el mal genio.

5 comments:

Carlos said...

CAsi me infarto... otra vez jajajajajjaa

Anonymous said...

Jajaja buenisimo

kikis said...

Se te olvidó después de las horas eternas que pasábamos jugando ruta?....la borrachera estaba muy brava.
Está buenísimo

Mafe said...

Me oriné de la risa...otra vez!!!!...inolvidable noche. Aún veo las fotos y la cara de "Pipe" de querer ahorcarte me causa demasiada risa.

Adri said...

Hola.
He estado buscando desde hace un tiempo, quien me recuerde cómo se jugaba RUTA, con mis primos encontramos el juego, pero ninguno recordamos las reglas :(

Por favor, sería alguno tan amable de recordarme las reglas !!!!

GRACIAS !!