Friday, July 08, 2011

Belleza geográfica

Creo que soy bonito. No tanto como cree mi mamá, pero bonito. De uno a diez soy un siete. Tal vez alguna vez fui un ocho, hace como diez kilos.

No soy despampanante, no detengo el tráfico y nunca nadie me ha ofrecido dinero a cambio de sexo, pero sí he pillado a un par de mujeres mirándome las nalgas y en varias ocasiones me han piropeado. También tengo el ego por las nubes. Eso también influye.

En Colombia soy ligeramente más atractivo que el promedio. Soy de estatura y contextura normal, pero con ese algo que enamora, ese no-sé-qué, no-sé-dónde. ¡No lo digo yo, lo dicen ellas!

Hace un año dejé Colombia y comencé una nueva vida en Estados Unidos. Vivo en Miami, una ciudad reconocida por sus playas, su rumba y la belleza de sus lugareños.

Me encanta esta ciudad, pero la transición no ha sido nada fácil. Extraño mucho a mi familia y a mis amigos, pero hay un factor que ha dificultado mucho más las cosas: En Miami no soy lindo. En Miami soy horrible.

Todo el mundo en Miami es bonito. Las señoras de 40 son MILF y las abuelitas de 60 son GMILF. Las niñas de 14 años en la playa, todas altas, divinas, perfectamente bronceadas, son futuras demandas esperando una borrachera mal llevada.

¿Usted se cree muy lindo en Bogotá? Vaya una semana a las playas del sur de la Florida, y hablamos. ¡Hasta la masculinidad de uno corre peligro! Me he descubierto varias veces mirando hombres paseando por la orilla, y pensando para mis adentros: “¡No joda!, qué tipo tan bueno”.

En mi tierra natal soy un siete, pero acá no paso ni raspando. Acá me rajo, me tiro la habilitación y pierdo el año.

En Miami no soy de estatura normal, sino un enano. En Estados Unidos un tipo como yo (varón, adulto promedio, relativamente sano) mide 6 pies. ¡Eso es un metro ochenta y tres centímetros! Casi nadie en Colombia mide eso.

Además, en Miami no soy de contextura media. Tampoco soy gordo, porque acá la obesidad es un tema fuera de concurso. Acá, simplemente, soy fofo. No salgo a la playa a correr, porque me zarandeo por doquier. No importa cuánto apriete la barriga. Cuando troto, se sacude.

Podría decir entonces que en Miami brillo por mi irrelevancia, pero no es así. Brillo, pero por blanco. En Miami soy inmaculado. Todo el mundo se broncea al menos una vez a la semana. En la playa, en cámaras de bronceo, con cremas especiales, con ungüentos caseros.

Yo, en cambio, si me pongo al sol por cinco minutos quedo como un cono de tráfico.

4 comments:

Marce said...

Jua jua jua JuanCa, esto lo hablamos ¿recuerdas? En todo caso, ¿dónde me dejas que lo hermoso lo tiene uno dentro? jejejeje =P

Anonymous said...

Tranquilo papito que acá se le quiere como es. Jana

Anonymous said...

Hnito, eso si no es tas mal de autoestima, pa' que!
Que modestia señor Gómez.
jajajajajajajajajajajajajajaja
quien lo ve no lo compra

ANDREA MESA said...

JUAN CAMILO , esa belleza tuya al momento de redactar te dan un 10, es ese no se que etc.. del que hablas, se llama inteligencia, eres hermoso por que de los miles de seres humanos con bellezas prefabricadas segun el prototipo social las que tienen contenido son una entre miles, de modo que te los llevas a todos felicidades linda prosa...