Wednesday, February 14, 2007

Al pan, pan y al peso, peso

Todo comenzó con mi primer viaje a Cartagena. Un amigo que me llevó al aeropuerto me advirtió acerca de la lucidez de los nativos para negociar los traslados del transporte público privilegiado: “No vaya a dejar que le cobren más de 4.000 pesos del aeropuerto al hotel”.

A mi salida del Aeropuerto Internacional de Cartagena un amable taxista subió mis maletas al baúl de “teresita”, pero antes de que pudiera darme la bienvenida a su ciudad, me le adelanté: “¿Cuánto hasta el hotel?”, dije con firmeza. “Pues tres barras”, contestó el oriundo con ligeras dificultades para pronunciar la “ese”.

Convencido de mi victoria subí al vehículo que en pocos minutos me dejó en la entrada del hotel.

“Listo mi hermano, son 9.000 pesos”, dijo el conductor mientras bajaba mis maletas.

“¿No me dijo que eran tres barras?”, cuestioné, intentando cambiar mi resignación por ira.

“¡Claro broder!”, contestó. “Cada barra son tres lucas”.

¿En qué momento el popular peso colombiano cambia de nombre dependiendo de la geografía, el estrato social o la edad de las personas?

No he podido descubrir bajo qué parámetros se modifica la moneda nacional, pero estoy comenzando a entender la dinámica económica. Hace unas semanas fui a un bar, compré medio paquete de cigarrillos por dosmilqui, dos cervezas por tresmilqui cada una y pagué con un billete de 10 lucas. Me sobró un quini para el pelado que me cuidó el carro.

1 comment:

Carlos Silva said...

Jejejejee Mono malo, maloooooo
Gracias a ese humor y sarcasmo pasé redacción. Nunca abandone ese don maravilloso que tiene!!!