Friday, July 23, 2010

Gustavo se seca los testículos en público

Procuro ser pudoroso. Expliqué en una entrada previa, titulada Teoría de la transformación física por flucutaciones ambientales, que soy inmaculadamente blanco y que mi condición dérmica ralla en el complejo. No estoy orgulloso de mi físico, pero tampoco me trasnocha el tema.

Eso sí, al momento de ir a tierra caliente o relacionarme con mis pares intento cubrir mis vergüenzas lo mejor posible. A menos de que se trate de una playa nudista o de una sesión de viringuismo programada, mi fisionomía trajina más bien acobijada.

No todos somos así. Algunos tienen una relación más abierta con su cuerpo y gozan con el exhibicionismo. Es más, para ellos el cuerpo es algo natural. Tan natural como andar empelota.

El personaje de esta historia es real. Pongámosle Gustavo, para proteger su misteriosa y desequilibrada identidad.

Hace unos años, durante un viaje en el que fuimos compañeros de cuarto, Gustavo se despertó, se bañó y se vistió. Pero no se puso los calzoncillos en la intimidad y tranquilidad de espíritu que sólo el baño otorga. No señor. Salió en toalla, alistó la ropa sobre la cama y tiró su manto blanco al suelo, exponiendo su fisionomía desde el pelo hasta las uñas de los pies.

- Chino, ¿me hace un favor? -, me dijo viringo, mientras les daba vueltas a las medias, buscándoles el derecho.

¡Maldita sea! Yo me remití a desviar la mirada y la mente de la escena. ¿Por qué no se pondrá primero los calzoncillos?

- ¿Qué quiere? -, respondí, buscando refugio en las cobijas.
- ¿Por favor llama al pelado nuevo para que vaya alistando todo antes de salir? ¿Cómo es que se llama?
- Julio.
- ¡Eso! Julio. ¿Me hace el favor de llamarlo?

Era un favor imposible de hacer. Si atravesaba la habitación era probable que mi humanidad empiyamada rozara su desnudez. ¡Impensable!

- Llámelo usted. No me joda -, di la espalda, me enrosqué en las cobijas y recé a Elmoda, dios de las medidas y de la ropa.

Gustavo llamó con un grito al muchacho, que se hospedaba en la habitación contigua. El mozalbete llegó en un segundo y se encontró frente a frente con un personaje desprovisto de vestiduras. O mejor, en medias.

- Mijo, hágame un favor.

Como si se tratara de cualquier acción sin importancia, Gustavo recogió la toalla del suelo y empezó a frotarse la entrepierna, a escasos centímetros del jovenzuelo.

- Vaya alistando todo. Por ahí en media hora nos vamos.
- Sí, señor -, contestó el otro, haciendo un esfuerzo sobrehumano por sostener la mirada y no sucumbir ante el movimiento de péndulo que adelantaba Gustavo en sus testículos.

Pasaron dos minutos y la situación no cambió: Gustavo daba una serie de instrucciones acompañadas de movimientos pélvicos, y Julio demostraba tener una fuerza de espíritu ejemplar.

La desagradable escena reventó mi paciencia y tuve que salir de mi refugio para sentar un precedente.

- ¡Por Dios! ¡Deje de hablarle como si tuviera ropa puesta!

Julio dio media vuelta y se retiró a su cuarto. Estoy casi seguro de que llegó a llorar bajo la ducha, sentado, abrazándose las rodillas y con el chorro de agua en la espalda.

- ¡Usted es un intolerante! -, me recriminó Gustavo.
- No es que sea un intolerante. ¡Es que usted está empoloto!, y parece que es el único que no lo nota. Además, ¿quién se pone primero las medias?

4 comments:

Princesa Adora said...

Un tema esto de andar sólo con la piel por ropa!!!! No quiero imaginar la terrible escena. Pero es así, la mayoría de los hombres, sobre todo si se enorgullecen de lo "suyo", andan sin tapujos por el cuarto, la playa, la vida!!!
Me encanta su forma de escribir, siga así!

Françoise said...

jajajajajajajajajaja la manera como lo cuentas me hace dar mucha risa... no logro concentrarme en lo de "escena de la vida real" jajajajajaja

ANDREA MESA said...

Creo que no me reía sola hace tiempo! el manejo del idioma en tu escrito es impecable,diplomático el relato de la situación que parecería desagradable por otros descrita con tu ingenio y estilo se convierten en una deliciosa critica graciosa!

LuNa said...

Monín: Todas tus entradas me han causado gracia, pero no había llegado más allá de la risa cibernética... es la primera vez que realmente me caracajeo sin asco... FALTA QUE ME HACÍA!!!!