Saturday, August 28, 2010

Yo fui una puta en bachillerato

Muchos recuerdan la época del colegio como años maravillosos llenos de logros, grandes amigos y pilatunas varias. Para mí fue una época más bien normal. Procuré pasar desapercibido pero, a pesar del esfuerzo por mantener un perfil bajo, un aspecto se destacó y lo recuerdo con reparo: las obras de teatro.

Por alguna extraña razón el arte histriónico es una parte fundamental de la academia. Izada de bandera que se respete lleva declamación de poesía y obra de teatro. En mi curso nos desentendíamos del tema de la poesía. Gracias a Dios contábamos con la presencia de Camilo (me reservo el apellido), un tipo que perfectamente podía sacarle una lágrima al más insensible, y causaba incontinencia en el vulgo palpitante. Palabras más palabras menos, lograba que todos se hicieran pipí a goticas.

Listo. Salimos del problema de la poesía. ¿Y la obra de teatro? El profesor de español se sacaba del sombrero un libreto, casi siempre ridículo, y nos ponía a ensayar a los de siempre. Lo triste, lo realmente triste, era que yo siempre era la mujer.

- ¿Quién va a ser la campesina?
- Gómez.

Era terrible. Todos se ponían tenis, se abrían la camisa y voilà, quedaban disfrazados. A mí me tocaba recurrir al closet de mi mamá o al de mi hermana.

- Ya tenemos al niño, al asesino y al abuelo. ¿Y la mamá?
- Gómez, hágale.

Era vergonzoso. Mientras muchos estudiaban, fumaban, se emborrachan y conquistaban a las féminas de las instituciones educativas aledañas, yo era de los pocos que me quedaba hasta tarde, ensayando.

- Tenemos a Bolivar, Santander, Nariño y Caldas. Falta Policarpa.
- ¡Pues Gómez!

Al final me presentaba frente a todo el colegio con medias de malla, pelucas y maquillaje.

Yo no tenía reparo en ser la campesina, la mamá o Policarpa. Después de varios años el señalamiento era predecible. Lo que marcó mi paso por el bachillerato fue una ocasión en la que interpreté a una prostituta.

Una etiqueta de ese talante se tira la adolescencia, perfora la personalidad, vulnera el carácter. Yo, por el contrario, salí avante en medio de la risa de mis compañeros. La fórmula fue más bien sencilla: Si debía ser una mujer de órgano monetizado, iba a serlo con todo lo que eso significaba.

- Gómez.
- Diga, profe.
- Usted es la puta.
- Bueno. Pero me imagino que puedo fumar en el salón.

2 comments:

Luz María Uribe Escobar said...

jajajaajajajajajaja. Esa SÍ es una faceta que no te conocía... ;)

Carlos said...

Por qué no me extraña? muchas veces lo vi "ejerciendo" jajajajjaa