Thursday, September 09, 2010

El cocinero y el chef

Hace poco asistí a una reunión familiar en la que un chef profesional nos deleitó con sus habilidades culinarias. Preparó un cordero a la no-sé-qué, en una infusión de colores, bañado por una salsa de cosas.

Por supuesto, yo no le puse cuidado a la preparación. Tengo clarísimo que la magia en la cocina no sale del amor o de la sazón de las personas, sino de la mixtura de ingredientes en cantidades increíblemente precisas y a temperaturas específicas.

Hay personas que hacen lo contrario. Prestan atención hasta al detalle más ínfimo, se empinan, apoyan los brazos cruzados sobre la barra de la cocina y preguntan pendejadas como si supieran de lo que hablan. ¿Las cortaste en julianas? ¿El balsámico puede ser de jengibre? ¿Le pusiste flores de puerro?

Yo prefiero no pasar la vergüenza de hacerle creer al chef que somos colegas. Más bien me acomodo en un rincón y aprovecho las remanencias. A veces es mejor comer que aprender.

- Señor, ¿me regala esas aceitunas que le sobraron?
- Claro, mijo. Hágale.
- ¡Gracias!

Pero los amantes de la cocinan se creen profesionales. Por eso asienten con seguridad ante las explicaciones del chef, como si los sacaran de una duda que los atormentó por años.

- Explícame lo de la vinagreta-, le preguntan al chef, ponen cara de serios y se agarran el mentón.
- La clave está en que todo quede picado del mismo tamaño y en caramelizar la cebolla.
- Sí, evidentemente -, dicen, levantando las cejas en señal de sorpresa. Yo me río mentalmente mientras me atesto de aceitunas.

Cuando una persona que sabe cocinar conoce a un chef le dice “yo también sé cocinar”. Eso me parece graciosísimo. Es como conocer a Lance Armstrong y decirle “yo también sé montar en bicicleta”.

En fin. Sirvieron la comida y estuvo espectacular, pero más de un aficionado quedó con una idea dándole vueltas en la cabeza: Ya que vimos cómo se hace, ¡podemos hacerlo después!

¡Errooor! Nunca va a quedar igual. Es más, los platos copiados quedan horribles. ¿Falta de magia? ¿Falta de amor? ¡No! Falta del chef, de ese mismo chef que preparó el cordero en la reunión familiar y lo ha preparado por años.

Lo peor de todo es la ternura con la que el aficionado se sorprende cuando el resultado es distinto.


- Tan raro, quedó inmundo. ¿Pero por qué? Yo creo que hice todo igual.

Esa teoría de “haga esto y yo aprendo viendo” casi nunca funciona. ¿Se acuerdan de “el placer de pintar, con Bob Ross”? Era un programa de televisión en el que un artista de afro instaba a los televidentes a emular las obras de arte que él lograba en contados minutos. Algunos tenían la osadía de enviarle sus trabajos, y Ross tenía el descaro de mostrarlos en cámara.

Todos eran horribles.

2 comments:

Luz María Uribe Escobar said...

Definitivamente las entradas de tu blog que más me gustan, son las que contienen tus muy particulares opiniones o 'filosofías' personales con respecto a algo... Esta, en particular, ¡me encantó!

Anonymous said...

jajajajaja, el apunte de Lance Amstrong me hizo morir de la risa.