Monday, September 27, 2010

El dolor le tiene miedo a…

No tengo muy claro el procedimiento por medio del cual un laboratorio genera un medicamento. Supongo que unos señores importantísimos, con bata blanca, gafas protectoras y guantes de látex, mueven líquidos de colores y miran muestras en el microscopio.

Tampoco tengo muy claro cuál es el equipamiento especializado mínimo requerido para obtener un componente proteínico, pero sí sé que todo laboratorio tiene una nevera, un tablero blanco para escribir con marcadores y muchos tubitos como para servir tragos de tequila.

Supongo que esos tubos fueron diseñados como copas para que los borrachos con los que se hacen las pruebas en humanos se empujen los compuestos químicos en un ámbito confortable.

Lo que apenas puedo imaginarme es el proceso mediante el cual un departamento de mercadeo les asigna nombres comerciales a dichos compuestos. Creo que una reunión de denominación comercial de medicamentos transcurre más o menos así:

- Bueno muchachos, ya está listo el compuesto UK-92,480, sildenafilo o sildenafil. Tenemos que bautizarlo.
- Listo, jefe. ¿Para qué sirve exactamente?
- Para que el pene sufra una erección, y para alguna sandez de hipertensión pulmonar que a nadie le importa.

- ¡Qué maravilla! Pongámosle Viagra, que es tigre en sánscrito (व्याघ्र = vyāghra).

Gracias a este grupo de ejecutivos todos conocemos los medicamentos por su apodo y no por su composición.

- Señores, el ácido acetilsalicílico necesita un nombre que venda.
- ¿Qué les parece “aspirina”?

Pero de todos los compuestos mi favorito, y el mejor bautizado, es Dolorán. No solo por el comercial conocido por todos (todavía me río cuando pienso en Dolores despidiéndose en el tren a Nemocón) o por su eslogan infalible, sino por su claridad.

Dolorán es para el dolor. Punto. No hay pierde, el nombre lo dice.

Lo malo es que esa misma claridad la usan en otros medicamentos, sin importar la parte del cuerpo que afectan o el mal que buscan combatir. ¿Han oído de un remedio llamado Anoais? Es para las hemorroides, un tema muy serio (no quiero decir delicado) que resulta hilarante cuando lo anuncian por radio: “Anoais no alivia las hemorroides, las cura”.

Anoais, Anoais, Anoais. No sé si sea infantil de mi parte, pero me parece graciosísimo. ¿En qué estaban pensando los de mercadeo? Es como descubrir la cura contra la alopecia y bautizarla “Calvonó”, sacar la crema “Barrofué” para el acné o comercializar el expectorante “Escupol”.

3 comments:

Paula said...

Ay, Juanca... yo también he pensado en la clase de gente que bautiza los productos y que se inventa la "frase vendedora". Hace poco escuché por radio uno que anoté porque sabía que lo podía necesitar algún día: Para el estreñimiento atacar... Digestar, una acción laxante suave, blanda y placentera. ¡TARAAAAAAN!

Luz María Uribe Escobar said...

Y no se te olvide freshlyPAUSIA... gel lubricante vaginal...

Virulo said...

No Juan... no te imaginas: Vi el aviso del de las hemorroides y lo mejor es que no es Anoais sino ANUICE jajajaja