Wednesday, October 07, 2009


Adivine por dónde se lo tiene que meter

Escribo hoy, 7 de octubre, desde la comodidad de mi casa, gracias a una otitis aguda que me obliga a guardar reposo por tres días. Hace dos noches fui a la sala de urgencias de la clínica Shaio, donde un joven doctor me recetó unas pastillas de amoxicilina y otras de acetaminofén. Después dijo a una enfermera que me aplicara una inyección para (quitarme) el dolor.

Ahí comenzó el viacrucis. Le tengo pánico a las agujas y me cuesta creer que la medicina actual no se haya ingeniado una mejor forma de administrar medicamentos, vacunas y otras sustancias.

Por ejemplo, la penicilina. Es maravillosa, milagrosa, mágica. Sus efectos son únicos. Es el papá de los antibióticos. Pero tiene la consistencia de un kumis vencido. No es justo con los pacientes que la máxima solución a sus dolencias sea una inyección de mazamorra. Alexander Fleming la descubrió en 1928 (la penicilina, no la mazamorra) ¿y 91 años después no hemos dado con la penicilina oral? ¿O al menos con una más “rendida”?

La inyección es ofensiva, pero no le gana al supositorio. Es increíble que exista semejante opción. “Señor Rodríguez, cuando parecía que todo estaba perdido hemos identificado plenamente su problema y podemos contrarrestarlo. Tome este dispositivo… adivine por dónde se lo tiene que meter”. ¡Impensable!

¿Quién inventó el supositorio? ¿Bajo qué circunstancias? No me puedo imaginar largos estudios clínicos y juntas médicas con ancianos barbados tomándose la cabeza a dos manos, pensando en una solución revolucionaria, hasta que un brillante joven sale con algo como: “¿Y si se lo metemos al paciente por el c…?”

El tema es hilarante, pero nadie quiere estar en esa situación. Nadie cuenta que le recetaron supositorios. Todo el mundo dice “me mandaron antibiótico”, pero nadie pregunta “¿y por dónde te toca?”.

Seguramente las vías de administración de los medicamentos dependen de muchos factores (rápida acción, absorción, composición, etc.). Los médicos tendrán sus razones. Yo tengo las mías para pedir pepas.



2 comments:

Anonymous said...

Parce claro que existe la penicilina oral, solo que como tu dices depende de la rápida acción, la absorción, etc, todas las características del producto para que haga efecto donde uno quiere y en el tiempo que uno quiere.

Lo único que si es cierto es que si la cosa esa es espesa en una inyección y duele y es horroroso el dolorcito, la oral no tiene nada que envidiarle, el sabor es asqueroso, hay unas presentaciones que son como tejos en la garganta, o al menos así se siente y la gastritis es inmamable.

Lo mejor es no enfemarse jaaaaaa

Jana

Françoise said...

No Juan! tu date por bien servido. Te juro que ese tema asi contado es chistoso... yo jamas me llegue a imaginar que me tocara vivir ese suplicio!!
Aca en este pais es la via de administracion favorita de los pediatras. Si vieras todo lo que he sufrido con Luciano... por cualquier enfermedad lo primero que me mandan es supositorios... una MIERDA!
Nunca se los he puesto... solo un par de veces porque no habia mas remedio, pero de resto jamas!! ya ni voy al pediatra.... pa'que... ya se lo que me van a decir.
No entiendo por que??? es una obsesion??? estos franceses son locos!!!
Cuando fui a Bogota me traje litros de dolex, porque lo que soy yo a mi hijo no le meto esa mierda ni loca!
Ahora, lo de la penicilina si estuvo muy chistoso jajajajajajajajajaja