Tuesday, January 12, 2010


Las vacaciones y la piscina
 

Para los bogotanos la temporada de vacaciones debería llamarse temporada baja, y no alta, porque todos abandonan la meseta y “bajan” a tierra caliente.

En temporada de vacaciones muchos se van de paseo. Los más solventes viajan comúnmente a la costa atlántica o al extranjero, mientras que los más endeudados visitamos poblaciones en las inmediaciones del casco urbano. Los más pudientes se van a sus fincas y los más pobres los acompañamos. Y listo, eso resume a grandes rasgos las vacaciones de muchos.

Hace una década salir de paseo era toda una aventura, máxime por la incertidumbre que generaba el hotel al que se llegaba. Nunca sabíamos a qué hotel íbamos, porque en ese entonces nadie reservaba habitaciones.

Claro que en nuestra infancia no sabíamos interpretar las señales de nuestros padres al volante. Pero si pudiéramos retroceder el tiempo apreciaríamos la angustia que los consumía a medida que el sol se ocultaba: “¡Dónde carajos nos vamos a quedar!”. Nosotros no nos enterábamos de su ansiedad, y nos limitábamos a jugar con los puntos de referencia en al carretera y los colores y las placas de los carros.

Al final encontrábamos habitación. Nunca se ocupó en su totalidad la capacidad hotelera de Melgar o Girardot. Nosotros teníamos clarísimo que si salíamos a las 8:00 a.m. de Bogotá, a las 11:00 estábamos en la piscina. Por eso nos llevábamos la pantaloneta de baño debajo del pantalón.

¡Ah!... la piscina. En nuestros primeros años poco nos importaba la lagartija en el baño, la temperatura de la habitación o la cobija motosa. El único factor clave era la piscina. Un buen hotel era el que tenía una buena piscina. Punto, no hay que darle más vueltas al asunto.

En ese entonces nos conformábamos con cualquier hueco lleno de agua, y un trampolín o un rodadero eran lujos inimaginables. Hoy, por el contrario, logramos identificar con más claridad las malas piscinas, porque cumplen con uno o más de los siguientes puntos.

Este es un listado de las situaciones y características con las que cumplen las piscinas que no se deben visitar. No es un Top 10, porque no hay una más aterradora que las demás. Todas son igual de censurables:

1. Rana muerta en las escaleras.
2. Fondo blandito al tacto.
3. Los carros en reversa, contra la piscina, con el baúl abierto y la música a todo volumen.
4. La señora que lleva al niño a que haga sus necesidades fisiológicas en algún arbusto cercano.
5. Cambio sospechoso de la temperatura del agua, con cálidas corrientes esporádicas.
6. Índice superior a una persona por metro cuadrado de superficie de la piscina.
7. Vestidos de baño mojados, puestos al sol en los árboles aledaños.
8. Niños corriendo desnudos alrededor de la piscina.
9. El señor bajando mangos biches de los árboles cercanos, picándolos y comiéndoselos con sal.
10. La señora que se ducha al lado de la piscina… con jabón y champú.

3 comments:

Anonymous said...

Muy bueno hnito, que recuerdos, que recuerdos!!!!!
Yo

Anonymous said...

11. La piscina de natas... ikiiiii

Luz María Uribe Escobar said...

Yo pondría de número 1 al baño con jabón y shampoo... Aunque no es el más asqueroso, me impacta la capacidad de llevar las rutinas personales a las duchas públicas!!!