Wednesday, March 03, 2010

Teoría de adopción de preferencias ajenas por ósmosis romántica

Un nuevo noviazgo nos sumerge en un universo de maravillosas experiencias apacibles, nos transporta a escenarios desconocidos, donde la innovación es la rutina, y nos arrastra hacia instancias saturadas de una exhuberancia idílica que destila besos y sonrisas disimuladas.

Bueno, ya. Pongámonos serios.

Un nuevo noviazgo también nos obliga a compartir. Cuando estamos solteros no compartimos, y cuando estamos solteros eso es bueno.

Pero si entramos en una relación estable y tendiente a la trascendencia los espacios personales comienzan a ser ultrajados, y nuestras preferencias sufren una metamorfosis por choque de gustos con la contraparte.

Esto pasa porque con el tiempo la magia se ve amenazada por el tedio, lo que nos obliga a innovar e inmiscuirnos en cuanta vaina se nos ocurra, con tal de evitar el bostezo.

¿Alguna vez ha tenido una relación en la que los antojos de uno se vuelven los proyectos de los dos? ¡Claro que sí! Es ese afán de cambio el que nos empuja a cometer idioteces, como matricularse con la novia en un gimnasio, comenzar a ir con el novio al autódromo o madrugar juntos a sábados de squash.

“¡Mi amor, te tengo el plan! Vamos a aprender a bailar tango”.

La primera vez que oí esa frase casi me muero del susto ¿o de la risa? Recordé a un amigo que me contó hace un par de años que había entrado a clases de canto, con la esposa.

No lo tomen a mal. Bailar tango me parece espectacular, siempre y cuando la rutina sea ejecutada por profesionales. Bailar tango debe seguir siendo una de esas prácticas que todos quieren dominar, pero nadie se atreve a intentarlo.

Y suponiendo que se haga el deber de tomar las clases, ¿qué pasará si se termina ese noviazgo? No he conocido a la primera persona que ostente un dominio de dicho arte y salga a una pista a bailar sola. El tango no es como el meneito o el carrapicho. ¡No señor! Tiene reglas muy claras: No se baila de manera informal. No se baila con desconocidos. No se baila con neófitos. No se baila solo… No se baila y punto.

Conclusión: Bailar tango es un residuo inservible de una relación infructuosa. Lo mejor es optar por actividades de pareja que resulten útiles en ámbitos de soledad y abandono, como el arte country, el punto de cruz o la pintura al óleo.

¡O mejor aprenda croché! Es algo que su mamá siempre quiso que dominara y nunca tuvo el valor de sugerírselo.

3 comments:

Cata Mele said...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA....Mi amor mira..¡¡¡ Una academia de SALSA!!!

Marce said...

jajajaja mi mamá no solo tuvo la osadía de sugerirlo, sino de intentarlo. Claramente, fracasó.

Anonymous said...

Viva la independencia, extendida a los gustos. Si la relación amenaza eso, que se vaya para el carajo.